Quiero decir que... la razón no puede iniciar ni detener los sentimientos. Pero puede disciplinarlos. Los sentimientos, cuando se vuelven peligrosos para uno mismo y para los demás, se pueden enjaular.
-¿Como
un puma? -pregunté sin querer.
-Como
un puma -confirmó, y se encogió de hombros-. En la jaula, el pobre
sentimiento empieza dando vueltas, rugiendo, enseñando los dientes,
mordiendo los barrotes... pero termina agotado y al final envejece,
se le caen el pelo y los dientes, se vuelve manso y triste. Eso se
puede hacer...Lo he visto. Gracias a la razón, los sentimientos se
pueden amansar y domesticar. Pero, claro -dijo con prudencia-, no es
bueno abrir la puerta de la jaula antes de tiempo (...)
