La mujer justa, de Sándor Márai

 Quiero decir que... la razón no puede iniciar ni detener los sentimientos. Pero puede disciplinarlos. Los sentimientos, cuando se vuelven peligrosos para uno mismo y para los demás, se pueden enjaular.

-¿Como un puma? -pregunté sin querer.

-Como un puma -confirmó, y se encogió de hombros-. En la jaula, el pobre sentimiento empieza dando vueltas, rugiendo, enseñando los dientes, mordiendo los barrotes... pero termina agotado y al final envejece, se le caen el pelo y los dientes, se vuelve manso y triste. Eso se puede hacer...Lo he visto. Gracias a la razón, los sentimientos se pueden amansar y domesticar. Pero, claro -dijo con prudencia-, no es bueno abrir la puerta de la jaula antes de tiempo (...)