La vida a ratos, de Juan José Millás

 Miércoles. Resulta imposible llevar un diario de la vejez como resulta imposible escuchar cómo crece la yerba. La yerba y la vejez trabajan con idéntico sigilo, y a un ritmo parecido. Vas perdiendo capacidades, pero a tal compás que no te enteras. Y te acostumbras a esas pérdidas, claro. ¿Tienen recompensas las perdidas? ¿Hay un ratoncito Pérez de la vejez? No exactamente. La vejez tiene una rata grande, quizá la rata Pérez, que en un momento dado te compensa por todas las pérdidas con un regalo absoluto llamado Muerte. 

¿La sexualidad es normal? En un sentido, sí., evidentemente. Si no fuera normal, no la utilizaríamos tanto. Pero al mismo tiempo se trata de una energía inconcebible, extraordinaria. Una energía productora de pánico. Toda la cultura es un invento para desproveer del sexo a la sexualidad. Para domesticarla. El poder constituye un amansador excelente. Pienso en el rostro de tres o cuatro políticos de los que aparecen en la tele cada día, imputados o no. Se les ve tan desexualizados porque han sublimado sus impulsos venéreos. Si se les quitara de golpe el poder y les regresara de súbito la sexualidad, podría ocurrir una desgracia.