La República de Mónaco, de Marcos-Ricardo Barnatán


1934

1 de enero

    Resulta redundante comenzar un año nuevo en lunes. Esta mañana la he dedicado a leer atentamente el libro de Fichman. Lo hermoso es altivo y secreto. Desde muy joven supe que un poema debe nacer cuando se hace irremediable, cuando te persigue de día y de noche, cuando se pega a tu piel. Cómo no acabará siendo palacio cerrado para los otros, si está tan claro en ti que olvidas a los demás. ¿Quiénes son los demás? Preguntas bien. Vivo tan dentro de mí y me rodea tanta indiferencia...

    He escrito algunas cartas sin mucho entusiasmo. Creo que mañana podremos bajar a la ciudad.

7 de enero

    Cuando pienso en la posibilidad de abandonar este pacífico refugio por el torbellino de una gran ciudad, y lo hago porque me empuja un irrefrenable deseo de vivir otras vidas, temo por la reacción que un cambio tan grande pueda causar en mi entorno familiar. Hay en Berta y en los niños un espíritu casi pastoril, una existencia edénica que la ciudad puede aniquilar. Y, sin embargo, no logro doblegar mi aspiración de mudanza. Llegan noticias desalentadoras de Berlín. ¿Será más seguro vivir aquí en el anonimato que buscar el protagonismo literario en Varsovía o en Praga? A la frágil seguridad del alma se suma en estos tiempos la salvaguardia elemental de nuestras vidas. 

Fragmento del libro La República de Mónaco, de Marcos- Ricardo Barnatán (del relato Fragmentos del diario de David Jerusalem)