Cixí, la emperatriz
La concubina que creó la China moderna
El conde Li acababa de enviarle una lista con los regalos que le iba a hacer por su cumpleaños, que eran nueve series de tesoros: Nueve ru-yi con incrustaciones de jade, nueve estatuas de oro puro de Buda de la Longevidad, nueve relojes de oro con incrustaciones de diamantes, nueve pares de copas de oro de la "buena fortuna" y la "longevidad", nueve tocados de flores de diamantes, nueve rollos de terciopelo amarillo, nueve rollos de brocado con flores amarillas, nueve quemadores de incienso dorados con siete gemas incrustadas y nueve jarrones de oro con siete gemas incrustadas.
Era un lista magnifica, incluso para la emperatriz viuda de China. Y a Cixí le resultaba especialmente tentadora, por lo mucho que la agradaban el arte y el lujo. El conde, que no tenía ninguna fortuna fabulosa, estaba deseando congraciarse como fuera con Cixí, es evidente que con la esperanza de que pudiera salvarlo. Le hacía los regalos pese a saber que dos años antes la emperatriz había emitido un decreto anunciando que no quería presentes por su sexagésimo cumpleaños.
La ofrenda del conde confirmó que era un auténtico experto en encontrar los puntos débiles de sus superiores y cultivarlos. A Cixí le era muy difícil rechazar aquel botín. Pero, si aceptaba los regalos del conde, tenía que aceptar los de otras personas. Los cumpleaños de comienzo de década eran las ocasiones más importantes en las que regalar, pero el de sus 50 años había coincidido con la guerra con Francia y había tenido que prohibir todos los ofrecimientos. ¿Debía volver a dejar pasar la oportunidad? La tentación fue demasiado fuerte. Después de unos días de angustias y vacilaciones, Cixí se convenció a sí misma de que aceptar regalos de cumpleaños no era incompatible con la guerra. Fue un caso similar al de cuando, años antes, se había convencido de que sacar una suma relativamente pequeña de dinero de los fondos anuales de la Armada no hacía ningún daño. Ahora anuló su propio decreto y envió a varios eunucos a que dijeran que los funcionarios por encima de una categoría determinada podían hacerle regalos se lo deseaban.
Sus palabras causaron inmediata preocupación entre los máximos personajes de la corte. Algunos, como el gran tutor Weng, dijeron que no habían preparado nada porque habían obedecido el decreto de la propia emperatriz viuda, y que de todas formas su admiración hacia ella no podía medirse con objetos materiales (de acuerdo con una máxima confuciana). No obstante, el tono general ya se había establecido: todos empezaron a darle vueltas a la cabeza a qué regalarle, y Weng y otros contrataron a un agente para que les buscara algo. Al darse cuenta de que había cometido un error, Cixí se apresuró a sacar otro edicto para intentar explicarse y dijo que creía que estaba mal por su parte despreciar los buenos deseos de la gente. Pero el mal ya estaba hecho. El espíritu combativo, que ya era escaso en la corte, estaba desapareciendo. Robert Hart escribió en una carta: "Las cosas están mal aquí. Las autoridades no tienen deseos de luchar y la desesperación está arraigando en todos: es una perspectiva verdaderamente mala, y si Japón no acepta "la rama de olivo", no sé cómo saldremos de esta..."
Los japoneses no aceptaron "la rama de olivo". Sin responder a los británicos, lanzaron varios ataques contra las defensas fronterizas chinas, que se derrumbaron como un castillo de naipes. Los japoneses entraron en China el 27 de octubre. Cixí trató, con retraso, de arreglar las cosas. Se ofreció a donar otros dos millones de taeles al esfuerzo de guerra. Pero ese gesto no podía salvar ya ni la guerra ni su imagen. Los disminuidos rituales de su cumpleaños se llevaron a cabo al son del avance del ejercito japonés. Las ceremonias eran una fachada que era preciso mantener: cancelarlas habría sido como anunciar una catástrofe nacional y habría causado confusión en todo el imperio. Aun así, ni siquiera la pompa de rigor logró disipar una atmósfera triste y sombría.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia
Editorial: Taurus (Memorias y biografías)
